Miércoles 29 de abril. No estoy muy iluminada para escribir pero intentaré hacer memoria con todos los sentidos para darles alguna receta tentadora y contarles algún recuerdo referente a ella.
Hoy estoy en Barcelona, pero mi vida transcurrió en Argentina, Buenos Aires, Villa Gesell, Mar del Plata. Quizás, a lo largo de algunas páginas pueda redactar y describir acontecimientos referentes a mis estadías geográficas.
Me remonto a algún verano de los años 1990, un año u otro, más o menos no marca mucha diferencia, es el siglo pasado.
Como les decía, era verano, enero, vacaciones, Mar del Plata. Recibí la visita de mis sobrinos Julieta y Federico, hijos de mi querida prima Mónica. Entonces ya éramos una familia de nueve a la mesa y un día dije – “esta noche hago pizza”-. July saltó y me dijo -“a mí no me gusta”-. Asombrada le repliqué –“¡no puede ser!”- y resolví mostrarle cómo lograríamos que le gustara. Acto seguido, tomé el paquete de harina, la levadura y algo de agua tibia y me dijo –“hacemos engrudo”-. –“Sí, algo parecido”- le contesté.
¡Y se produjo la magia! Esa mezcla de ingredientes comenzó a inflarse y a hacer burbujitas. Los ojos de Julieta, que de por sí son grandes, salían de sus órbitas al ver semejante cosa.
Ahí la curiosidad de cómo ésto se convertiría en la pizza, que ella nunca había degustado.
En ese instante, entonces, comenzó la aventura.
Bueno, manos a la masa de la pizza:
1 kg de harina
40 gr de levadura
1 cucharadita de azúcar
½ litro entre agua y leche
4 cucharaditas al ras de sal
1 pocillo de café de aceite
tomate, cebolla, muzzarella
En un bol colocamos la levadura, la cucharadita de azúcar y un poco de leche tibia para disolver la levadura, le agregamos dos cucharadas de harina, obtenemos algo parecido a un engrudo, lo tapamos y dejamos que leve.
Aparte, hacemos una corona de harina con casi todo el kilo de harina (reservamos un poco porque siempre vamos a necesitar); en el centro de la corona colocamos el aceite, la sal y la levadura que ya tendremos levada. Vamos uniendo todo desde afuera hacia adentro y agregando la leche ya mezclada con el agua, siempre tibia. Obtendremos una masa que ya no debe pegarse en las manos y amasamos más o menos unos 10 minutos. Entonces colocamos la masa en un bol, tapada y en lugar tibio y esperamos que crezca y duplique su volumen.
Después de ver su transformación, buscamos fuentes pizzeras, las untamos con aceite y repartimos una porción de masa en cada una estirando la masa con los dedos hasta cubrir bien hasta los bordes.
Mientras ellas descansan, preparamos la salsa de tomate con orégano, sal, un poco de ají molido. También cortamos unas cebollas, les ponemos orégano, sal y aceite.
Volvemos a las pizzeras, esparcimos la salsa de tomates en una y las cebollas en otra y las llevamos al horno que ya tendremos encendido y bien caliente. Después de unos 10 minutos nos fijamos en la base de la pizza levantando un poquito la masa y si vemos que ya está casi cocida le agregamos la muzzarella. Una vez derretida la muzzarella retiramos del horno y a la mesa. –“Te pareció bien?”-
Una vez sobre la mesa, Julieta probó por primera vez esa magia de globitos que se había convertido en un placer.
Gracias July, por darme la oportunidad de presenciar y compartir tu primera degustación pizzera.
